VIVIENDO EL FÚTBOL 11
Es normal que al comenzar el Mundial dejemos de lado nuestras diferencias políticas, ideológicas y religiosas para unirnos en un sentimiento colectivo: el deseo de que nuestro país gane el Campeonato del mundo o haga un papel decoroso.
Es tan grande la pasión por el fútbol que todas las emociones – angustia, alegría, enojo- están a flor de piel. Incluso, en aquellas personas a las que no les entusiasma mucho este deporte, pero cuando juega el equipo nacional dejan fluir lo que sienten gritando los goles y entristeciéndose cuando pierde.
El fanático por la Selección Argentina es una persona que manifiesta la pasión y las emociones de euforia, tristeza e ira de manera desmedida y exacerbada. Grita, insulta y golpea frente a la frustración, cuando el equipo no gana, no juega bien o frente a los errores del árbitro. Todas estas situaciones son el móvil para que el sujeto de rienda suelta a sentimientos profundos de malestar que están reprimidos -problemas de pareja, laborales, entre otros - y los manifieste mientras mira el partido.
¿Cómo es la personalidad del fanático?
Algunas características que presentan estos individuos son:
-Pensamientos absolutistas.
-Creencias irracionales.
-Emociones exacerbadas.
-Baja tolerancia a la frustración.
-Falta de control de impulsos.
El temor a que el equipo pierda genera pensamientos y emociones negativos y provoca un estado de tensión y alerta que activa el Sistema Autónomo Simpático. Surgen así síntomas físicos como taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho y sudoración, entre otros, desencadenando un cuadro de estrés y ansiedad que afecta la salud y calidad de vida de la persona.
El fútbol y las cábalas
En el ámbito del fútbol argentino, las cábalas se utilizan para ahuyentar la mala suerte y hacer que el equipo gane. Las mismas consisten en atribuir un poder mágico a determinados objetos o acciones para que influyan de manera positiva en los resultados. Los rituales son compartidos por jugadores, técnicos e hinchas.
Se convierten, de este modo, en un trastorno obsesivo cuando el sujeto por alguna razón se ve impedido de realizar el acto de superstición y experimenta desesperación y angustia porque siente que algo malo va a suceder -como, por ejemplo, perder el partido- por no haber podido realizar la cábala.
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